


La etapa de la menopausia y la postmenopausia de la mujer ha empezado a tener interés desde muy distintos enfoques: médico, social, demográfico, psicológico, nutricional. Este interés puede deberse a los cambios experimentados en la esperanza de vida de la población en general y de las mujeres en particular, que han alargado los años en los que una mujer deja de ser fértil.
En la actualidad la disyuntiva está en considerar la menopausia como un problema de sanidad pública y por tanto “medicalizar” este proceso; o bien, considerarlo una etapa más de la vida de las mujeres, que se entronca con la senescencia y los procesos asociados a ella.
Los nuevos conocimientos fisiológicos sobre el envejecimiento auguran la posibilidad de intervenir en el proceso natural de deterioro, retrasando en lo posible sus consecuencias y procurando, en la mayoría de los casos, una mejor calidad de vida en la madurez. Esta es la aspiración más antigua de la humanidad: perpetuar la juventud o al menos, retrasar el envejecimiento.