


La espasticidad es uno de los problemas más comunes entre los pacientes con esclerosis múltiple. Puede llegar a estar presente en el 70% de los casos. Además de los problemas de movilidad que pueda ocasionar, puede ser causa de dolor, mal-posiciones articulares y/o posturales, problemas de higiene, interferencia en el sueño nocturno y, en general, por disminuir la calidad de vida del paciente con EM.
De este modo, identificarla y distinguirla de otros procesos similares, conocer aquellas circunstancias o factores que facilitan su empeoramiento, llevar a cabo una correcta evaluación de la misma y desarrollar un adecuado plan de abordaje terapéutico son esenciales para mejorar la calidad de vida de la población de pacientes que la padecen.
En relación con el tratamiento de este tipo de espasticidad, hay que tener presente dos aspectos fundamentales.
El primero de ellos es que, en los estadios de menor discapacidad, cuando el paciente es aún ambulante, la espasticidad puede estar contribuyendo positivamente al mantenimiento de la bipedestación y de la capacidad de la marcha, por lo que puede no requerir de farmacopea específica, aunque sí una adecuada educación sanitaria que le permita aprender a manejar los síntomas derivados de dicha espasticidad. La necesidad de tratarla adicionalmente va a ser creciente conforme la enfermedad progrese.
El segundo aspecto en relación con el tratamiento de la espasticidad es que requiere un abordaje multidisciplinario, con la coordinación de todos los profesionales implicados en el tratamiento: neurólogo, médico rehabilitador, terapeuta ocupacional, fisioterapeuta, DUE,…